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Valparaíso

martes, 20 de febrero de 2007

Un día en nuestra ciudad



Si un día miras mi ciudad
y la ves sin azul, sin olas, sin niños,
sin un viento delgado y puro...
sabrás que yo no estoy allí,
ya no pienso en tu rostro,
ya no vivo en tu aroma,
ya no entiendo tu jardín.

Si miras mi ciudad
y los colores te saludan con un beso risueño
y las calles discuten para decirte un piropo
y el mar se viste con su mejor azul,
aquel de antes, cuando viajabas en barco
y tenías padres y música en la sangre y no rabia.

Alma, entonces, ya será demasiado tarde.


Si tuviera la oportunidad de conocer nuestra ciudad de escaleras desde
una perspectiva de ensueño, creo que preferiría llegar a ella en la
forma que nos propone Aldo Francia en "Valparaíso mi amor".

En medio de la noche, correría por un bosque, largamente,
desesperadamente, hasta que la madrugada nos sorprenda frente a un
territorio de belleza: nuestra ciudad vista de lo alto, poblada de viento,
de mar, de casas que desafían a las quebradas, de pobreza.

Luego, tomaría un trole cerca de "La Matriz" y buscaría los
ascensores que marcan el alma de los barrios. En Polanco, al recorrer
el extenso túnel; pensaría en el amor del padre que construyó aquella
torre para su hija.

En el ascensor "Mariposas", que pasa bajo una calle, indagaría en el
misterio que propicia las flores en las quebradas y que nutre de una
belleza salvaje a nuestra descuidada arquitectura.

Cerca de la Plaza Victoria, tomando el ascensor de Espíritu Santo,
pasaría a visitar a mi amiga Caperucita y me quedaría por horas en
nuestro museo a cielo abierto. Allí aprendería de Matta, de Antúnez,
de Balmes, de Roser Bru. (1)

Subiendo por Héctor Calvo, me detendría un momento a rendir homenaje
a los jóvenes acribillados en el vecindario, en el marco de una de
las últimas acciones militares de la dictadura.

De seguro, pasaría a abrazar a Fernando y Max, en el Museo de
Instrumentos Musicales
de aquel cerro.

Al llegar a la Avenida Alemania, junto al Teatro Mauri, subiría
corriendo al comedor de Neruda. Me imaginaría bebiendo en esas copas
de colores y durmiendo una siesta, mientras mi alma insiste en mirar
el mar.

A la salida de "La Sebastiana", le dedicaría muchos minutos a las
piedras mágicas de María Martner, para luego tomar un bus marcado con
la letra 0, hacia la Plazuela San Luis del Cerro Alegre.

En aquella mañana infinita, visitaría el museo del más tierno de
nuestros adversarios, Lukas, el rostro menos cruel del fascismo. Caminaría con calma por Papudo y por el Paseo Gálvez, regresando al plan por Urriola.




En la Plaza Sotomayor, me pasaría a visitar nuestro ex Correo, actual
sede del Consejo Nacional de la Cultura y dejaría que mi alma
contemplara el edificio de la Primera Zona Naval (2), que fue nuestra
Intendencia y sede del gobierno popular en los veranos de nuestra vía
chilena al socialismo.

Por la tarde, luego de visitar el futuro ondulante de la calle Márquez, contemplaría la ciudad desde su perspectiva marítima, en
aquellos botes que zarpan desde el Muelle Prat.

Allí, vería como la ciudad danza, como se mueve bajo la vista
cuidadosa del monte Aconcagua, como sonríe coqueta ante los ojos de
los marineros.



Si queremos visitar el espíritu de la ciudad, no podemos dejar de buscar sus claves en las imágenes y en la música (3) de Gitano Rodríguez.

Ese espíritu está asociado a los incendios, los desastres económicos y los cataclismos que suelen golpear a nuestra ciudad, dispersando a sus habitantes y mitigando nuestra esperanza. La ciudad está en peligro. Sus residentes somos los principales responsables.

Las fotos jan sido paridas por la mirada de Pamela Albarracín . Esos ángeles que brotan de la muerte, están aquí para recordarnos que la ciudad perdurará en su poesía, aunque la destruya la guerra, la desgracia y el mar.

Nuestra "Joya del Pacífico" (4), es un tesoro construido a base de viento, canto y volantines.




(1) Suelo ver a Roser Bru y a José Balmes por las calles de nuestra ciudad. Llegaron niños en el Winnipeg, de la mano de Neruda, y su alma quedó prendida a nuestros cerros.

(2)Nuestra Ex Intendencia es un copia del "Hotel de Ville", el Municipio de Paris.

(3) El vínculo a la música de Osvaldo Rodríguez conduce a una grabación en vivo de "Valparaíso", en versión mp3 de 32 KHz, adelanto de la nueva edición 2007. Cortesía de Alerce, Boker y canal.cl

(4)"La Joya del Pacífico" de Víctor Acosta, es la canción más popular sobre nuestra ciudad y constituye la principal pieza de la banda musical de "Valparaíso mi amor".








Datos personales

Mi foto

Gonzalo Villar Bordones, Viña del Mar, 1968, es un  poeta chileno que suele incursionar en intervenciones urbanas.

Obra

En el campo lírico ha publicado "Luz" (1993), "Luz Azzul" (1994) , "Prófugos de un aguacero azul" (2001), obra en papel, DVD e instalaciones, "Nuevos Poemas de Amor" (2012), engarzado a una serie de acciones de arte[ y "Muros que miran al Mar" (2012), raíz del Museo del mismo nombre, e "Inicaciación y Poesía" (2013) , extenso libro de poesía sagrada, que comunica la experiencia de la iniciciación desde su particular vivencia en Chile.

Luz Azzul fue publicado gracias al financiamiento del Estado de Chile, a través de Fondart.

Villar es autor de"Las últimas hojas del siglo" (1999), libro obra que interviene el Calendario registrando la historia de la humanidad mediante citas y poesía y de "Landmarks", texto sobre los principios de la Francmasonería, publicado en el 2010 por Editorial Altazor.

Es autor del Blog "Crecer sin Dios" , creado el año 2005. Desde fines del año 2009, publica allí un texto poético nuevo cada jornada.

Su poesía inspira el Museo al Aire Libre Viña del Mar, obra realizada en unión a Myriam Parra y su "Galería Casa Verde" ; Claudio Francia; la "Agrupación de Juntas de Vecinos de Recreo"; y, el Gobierno Regional de Valparaíso.

Diez de sus poemas aparecen antologados en el portal digital Poesía del Siglo XXI, de Fernando Sabido Sánchez.

Valoración de su obra

Juan Cameron descubre elementos láricos en su poesía y resalta como el punto más elevado de su trabajo, su habilidad para referirse al cuerpo humano como máxima encarnación de la libertad. Destaca, a su vez, la ocupación de tópicos claros de la poesía contemporánea, como es el caso de la acumulación caótica, al describir a la mujer a través de una serie de adjetivos y sinécdoques: Laboriosa/ múltiple/ laberíntica/ distinguida (...) cachurera, capitán araya,/ amiga de mujeres nuevas y no santas,/ mandona con simpatía, etc.

Alejandro Lavquén, destaca la imágenes que viajan en los poemas; la peculiaridad de su erotismo y la multiplicidad de los temas que aborda.

Antón Castro, destaca su labor cotidiana de publicar un poema nuevo cada día.

La académica norteamericana Sonia Tejada, analizando "Muros que miran al mar", sostiene que el autor busca establecer puentes entre la poesía, la pintura y la vida cotidiana. Destaca el empleo del agua como símbolo de escritura y vida a lo largo del poemario. Para el poeta, explica, ese proceso físico y simbólico del agua, se convierte en una especie de fecundación estética, mediante la cual los muros son absueltos de la inercia. El arte transforma los muros al plasmar sobre ellos radiografías del alma. De este modo, el espíritu triunfa sobre lo material y se establece un diálogo con las obras de otros artistas.

Para Antonio Rojas, Gonzalo Villar es un poeta con trayectoria y reconocimento en los círculos literarios, especialmente en la Región de Valparaíso de donde es oriundo. Es un pulcro trabajador del idioma, sabe escoger en las palabras precisas para provocar en el lector las emociones sutiles, en las que se mezclan adecuadamente intelecto y espíritu.

Haciéndose cargo de analizar "Iniciación y Poesía", destaca el lenguaje cargado imágenes y símbolos empleado en este libro y valora especialmente la sección "Ideal y Coherencia" en que el texto aborda la actitud de los francmasones chilenos ante la fractura humana de 1973.

Apunta que tienen particular atractivo los retratos de iniciados chilenos, como Juan Bustos Marchant, Orlando Peña Carvajal, Modesto Parera, Alberto Bachelet, Sergio Agüero Hugel, Manuel de Rivacoba y Gabriel Zamora Salinas.